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El cambio de identidades siempre fue un mal del boxeo underground, pobre, o sin repercusión. Pero ahora llegó hasta ámbitos oficiales, con una ex campeona mundial como la Indiecita Sánchez, que peleó con una falsa Verena Crespo el pasado 3 de marzo en Pergamino. Sin sanciones de parte de la FAB por el momento, al repudio general se le suma un problema mayor: los riesgos de un accidente.

    

Por Gustavo Nigrelli

 “La mujer del César no sólo debe serlo, sino parecerlo”, transcribió en la antigüedad Plutarco de boca del propio Julio César, hablando de la honradez.

El pasado 3 de marzo, en el club Comunicaciones de Pergamino, peleó la ex campeona mundial superpluma FIBAnahí “La Indiecita” Sánchez, supuestamente frente a la rionegrina Verena Crespo, una mujer con facultades “extraordinarias”, que un día pesa 61,900 y dos meses después 50,800.

La Indiecita ganó por KOT 1 a los pocos segundos de combate, pero casi al unísono llamó la atención una foto de la propia Crespo desde Las Grutas, en su provincia natal, que de algún modo contradecía su presencia en Pergamino, salvo que además tenga otra virtud, como la bilocación.

Foto de Verena Crespo en Las Grutas que subió a su perfil de Facebook (obsérvese fecha y hora)

 

Este video es la prueba de que la rival de la Indiecita –al menos en esta filmación, que alguien puede alegar que se trata de otra pelea, ya que la Indiecita ganó varias veces por KO 1- no era Crespo.

Video de la pelea:

 

 

 Difícilmente se tratase de una boxeadora profesional, con el agravante de ser notoriamente más chica. Es más; según la página Planeta Boxing, del colega Ernesto Rodríguez III, se trataba de una amateur llamada Georgina Jara.

La FAB conocía este asunto desde el minuto cero, y después de un mes y medio, no hay sancionados ni medida disciplinaria alguna para nadie, al menos, dadas a conocer por el Tribunal de Disciplina de la FAB. ¿Por qué?

La pelea se fiscalizó a través de la Comisión Municipal de Pergamino, afiliada a la FAB y representante de ella allí, bajo la promoción del mánager de la Indiecita, Antonio “Canga” Bonet.

Tanto el ente fiscalizador, como el promotor, son los máximos responsables –no los culpables, a veces- y tras prestar declaración ante el T d D debieran ser sancionados como el reglamento indica, con cancelaciones o suspensiones de licencias.

Nada de eso ocurrió ¿Por qué aún no lo hicieron?

Es que para embarrar más la cancha, llegó un descargo de la propia boxeadora –Verena Crespo, o alguien que lo hizo por ella- asegurando que fue ella la que subió al ring en Pergamino el 3 de marzo, aunque eso no significa que fuese la del video.

He aquí la foto del descargo de Verena Crespo, con su supuesta firma:

Por tal motivo la FAB inició una investigación que esperemos se cristalice debidamente y dé como resultado el castigo a quienes corresponda. En ella se busca develar los siguientes interrogantes: 1) ¿La foto que subió Crespo el 3 de marzo en su facebook está sacada el 3 de marzo? 2) ¿El video que circula pertenece a la pelea del 3 de marzo en Pergamino? 3) ¿El descargo y la firma de Crespo son auténticos? ¿Lo escribió y firmó realmente ella? ¿Cómo probar cada cosa?

 

Extraoficialmente, la historia fue así, y –se sabe-, no es la primera ni será la última vez que suceda en el boxeo:

En teoría Verena iba a pelear el 3 de marzo ante la Indiecita Sánchez. Decimos “en teoría” por las diferencias de peso, que son bastantes amplias en estado normal entre una y otra.

Pero -oh casualidad-, poco antes del combate la rionegrina se cayó, no viajó, y su marido y mánager, Alejandro Valverde, ex presidente de la Federación Rionegrina de Boxeo, cancelado definitivamente por la FAB, y muy vinculado a la WPC –él mismo lo reconoce en esta nota-, personaje que no es la primera vez que está involucrado en estos cambios de identidades, “solucionó” la situación llevando a otra boxeadora –la tal Georgina Jara-, se ignora si con el conocimiento del Canga Bonet, el promotor.

Supuestamente fue a sus espaldas.

La Comisión Municipal de Pergamino, que fiscalizó el festival, al momento de entrar en acción hizo lo que hacen todos: pidió la licencia de la boxeadora a su DT o mánager (Valverde), sin chequear la identidad, como exige el artículo 7.03 inc i) del reglamento FAB.

Lo hacen así porque generalmente conocen a los púgiles, y confían en que con la licencia alcanza. Otros, por ignorancia. Y otros, vaya a saberse por qué dislates.

No obstante, cuando hay mala fe, el cambiazo puede hacerse en el camarín mismo, antes de subir al ring.

La cuestión es que al parecer esto se detectó en ese preciso momento; digamos, el día del combate. O no. Quizás fue de entrada, aún cuando ya era tarde para dar marcha atrás, pensando, -o suponiendo-, que, como muchas otras veces, nada trascendería, o nadie se daría cuenta.

Pero ahora todo trasciende.

Los celulares y las redes sociales hacen lo que antes no se podía, o hacían solamente las cámaras de TV.

Sin embargo, la mayor de las dudas, casi como prueba irrefutable del dolo, se construye cuando en el video se escucha claramente ante la primera piña de la Indiecita –que bastó para dejar sentida a Jara, pese a lo inocua-, una súplica desde su propia esquina: “¡despacio, Anahí!”.

¿Despacio, qué? ¿Su propio equipo le estaba pidiendo que se controle? ¿Con motivo de qué? ¿Miedo a que sea todo muy evidente?

La gran pregunta es si Verena ignoraba esto, o también es cómplice. Pero no puede ignorarlo, máxime si ve en su licencia una pelea que no hizo. ¿Puede probar que estuvo en el ring –como dice- y que su carta no es un fraude más? Ella también merece sanción.

Lo indignante es que uno termina cuestionando más la torpeza que la deshonestidad, ya que esto sucedió siempre en el boxeo. La poca elaboración de la trampa y su fácil descubrimiento, que va de la mano con el descaro, subestimando a todos, quizás cebados ante la ausencia de la TV.

Pero hoy la tecnología también oficia de contralor. Y amplifica el ilícito por mostrar además la inescrupulosa ausencia de límites de los ratones cuando no está el gato.

Porque se admite una pelea de bajo presupuesto, rayana con la falta de equivalencia; de escaso nivel técnico; de instalaciones precarias; de mala imagen; desprolija, y hasta con yerros reglamentarios de jueces y árbitros, desconocedores involuntarios del reglamento.

Lo que no se admite es la deshonestidad, que va más allá de una avivada, donde para peor se juega con fuego, por la salud de las personas y la del boxeo. Porque un accidente, por más casual que fuera, hubiese puesto en jaque mucho más que a una vida –lo cual ya es demasiado-. Y de eso nadie está exento, menos en estas situaciones, propicias para que el diablo meta la cola.-

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