EFECTOS COLATERALES

diciembre 28, 2017 8:46 pm


EFECTOS COLATERALES

Retirado y fuera de peso, el Tyson del Abasto, ex campeón mundial crucero OMB y FIB, volvió a los rings en China para perder –o dejarse caer- por KO 1 frente a un invicto local, denunciando necesidades que ni el título ni el boxeo pudieron resolverle, y que ahora podría hacer la política, que en su momento de gloria supo apadrinar y usar como un estandarte social. 

Por Gustavo Nigrelli

Víctor Emilio Ramírez fue hasta hace poco –un año y medio apenas- campeón mundial crucero de la FIB. Muchos lo recordarán como el Tyson del Abasto.

Lo fue hasta que perdió por KO 2 ante el ruso Denis Lebedev en Moscú a fines de mayo de 2016, ante quien quiso unificar su corona FIB con la de la AMB del ruso.

Ya por entonces era en realidad un “ex boxeador” de apenas 32 años –hoy 33-, que supo recuperarse de todo lo que uno pueda imaginarse, incluyendo un anticipado retiro de 4 años en 2009 tras perder por puntos su título OMB ante el serbio Marco Huck, injustamente.

Chico de la calle que frecuentó algún que otro Instituto de Menores y tuvo problemas con la ley, el boxeo lo rescató hasta donde pudo, no una vez, sino dos. Y él puso lo suyo sobre el ring para completar la historia, que pocas veces tiene final feliz en estos casos, máxime cuando el boxeo desaparece, o mejor dicho, cuando por alguna razón se lo despide antes de tiempo.

Los que llegaron con la película empezada recordarán que al Tyson lo apadrinó Daniel Scioli, por entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, y que Ramírez fue más de una vez su caballito de batalla en alguna que otra campaña electoral, como suele suceder en el ancestral maridaje entre el boxeo y la política, ya desde la época de los romanos.

Hacemos esta remembranza porque lo creíamos retirado, pero no. La semana pasada -más precisamente el lunes 18- sorpresivamente volvió. Viajó clandestinamente a China (Beijing) para pelear contra el invicto local Junlong Zhang en categoría pesado, y perdió por KO 1, en un episodio que ni él ni el boxeo merecen.

Éste es el video que eximirá de análisis y conclusiones:

Puede observarse no sólo su exceso de peso –no se registraron sus números ni en el video ni en ningún portal de internet- sino también lo mal que teatralizó su caída, aprovechando un golpe al cuerpo que desde Buenos Aires se percibe inocuo.

Como la FAB ni enterada estaba de este asunto y -por supuesto- viajó sin permiso ni licencia oficial, investigando trascendió que lo hizo con la de la ABA (Asociación de Boxeo Argentino), que creó el ex boxeador Alejandro Falliga, una mala imitación de la WPC -que de por sí es degradante-, de la que en su momento hablamos en esta columna:  Dios los cría

Eso no es lo peor. El Tyson peleó por el título Oceanía pesado de la AMB siendo argentino, pero increíblemente bajo el patrocinio de la AMB, una de las 4 entidades mundialistas reconocidas –la más antigua-, que preside el venezolano Gilbertico Mendoza, y por la cual es campeón nuestro Brian Castaño.

Es decir, a Ramírez no sólo lo hicieron reaparecer después de su retiro y derrota por KO 2, su sobrepeso y su condición natal que nada tiene que ver con el título en juego, sino que fue para perpetrar una parodia, que por un lado protegió la salud del Tyson, pero por otro marchitó la del boxeo.

Ahora bien: ¿por qué razón pudo Víctor Ramírez haber agarrado esa pelea para viajar a perder tan vergonzosamente a China?

Ramírez cobró buenas bolsas en su carrera como campeón mundial, especialmente de visitante. Entristece imaginar que las haya malgastado siempre, la última en poco más de 1 año. Pero que tenga que humillarse de esta forma, y que pese a todo sea preferible a otros recursos ilegales, da impotencia.

Por eso molesta que detrás haya quienes exploten su situación, amparados en una organización que supuestamente viene a mejorar las cosas, pero que en el fondo persigue el mismo fin que el Tyson, pero con menos derechos.

Por supuesto, Ramírez no viajó con “El Bocha” Martinetti, su DT, segundo padre y mentor, que tal vez ni enterado estaba de esto. Pero no debe ser fácil tampoco guiarlo en su vida privada cuando desaparece la deportiva.

Es ahora cuando duele comprobar cómo desapareció su séquito, que no son los que lo condujeron hasta donde pudieron, sino los amigos del campeón, quienes de él se aprovecharon.

Y que la política sólo tenga planes y programas para los campeones o púgiles que necesitan llegar, y ninguno para cuando éstos se hunden y necesitan que los ayuden a salir.

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