LABERINTO DE CRISTAL

octubre 30, 2013 1:00 am


LABERINTO DE CRISTAL

Por Gustavo Nigrelli

Divisiones, peleas internas, cambios continuos en las reglas de juego y poca claridad conceptual, crean confusión en el aficionado que lo alejan del boxeo. Y para colmo se suma la peor lucha, que atenta contra el recambio: amateurismo vs profesionalismo.

Laberinto de cristal

Para tomar conciencia de la penetración que posee el boxeo en este momento en la sociedad, alcanza con hablar con alguien que se confiese entusiasta de este deporte. Invariablemente, al toque preguntará como al descuido: ¿quién hay bueno ahora?

Entonces nos percatamos de que no conoce a Narvaes ni a Reveco, que apenas si escuchó de Castro o Vásquez alguna vez –no le pidan detalles-, pregunta qué tal es la Tigresa o La Mole Moli, y le suena vagamente el Chino Maidana.

Se atreve a comentar algo de Maravilla Martínez, al que apenas vio un par de veces –las dos últimas-, con cierta decepción, y termina hablando de Monzón y la época del Luna Park, en la que iba con su padre –según la edad- o solo. (Tampoco sabe que cada tanto hay peleas en el Luna también ahora).

Estamos hablando de alguien que se confiesa amante del boxeo. Lo que sigue es preguntar por el semillero, o alguna promesa, y la ficha termina de caernos por lo mucho que cuesta explicarle que no es como antes, cuando un amateur venía en silencio comiéndose a los chicos crudos. Hoy lo que hay está a la vista, no hay que ser un detector de talentos.

Los buenos están en la Selección Nacional, y si no, no existen. Y tienen similar exposición que los profesionales.

¿Pero conocerá alguien a Yamil Peralta, Alberto Melián, Fernando Mártínez, Ghiglione, Palmetta, Carrasco? ¿Conocerán a Brian Castaño -de esa camada-, aunque ya profesional?

Yamil fue olímpico igual que Melián. Ganó peleas, es el 3º del mundo en su categoría (91 kg), participó invicto en la Liga WSB de la AIBA para Los Cóndores (el equipo argentino), y viene de ganar bronce en el Mundial de Almaty, Kazajistán, torneo televisado desde cuartos de final. Así y todo, es un ignoto. Y los otros, más aún.

Serían nuestras figuritas actuales o promesas, con la diferencia de que por las nuevas modalidades AIBA, seguirán siendo amateurs 4 años más –como mínimo-, aunque ya deberían estar pasando a nutrir el profesionalismo en reemplazo de la última camada, que aportó a los Diego Chaves, Maderna, Gumersindo Carrasco y Cuellar.

Eso es lo que produce la escasez de valores, que no se renovaron por la crisis del boxeo. Y habrá un bache de varios años más que será letal, y que no podrán llenar Maidana, Matthysse y compañía -ni hablar los veteranos Narvaes y Maravilla-.

El agravante es que la gente no entiende el boxeo actual. Y lo que no se entiende, no se consume.

Los cambios de reglas, cientos de campeones, títulos de todos los colores –sin saber cuáles son “truchos” y cuáles no- varias organizaciones, y todos enemistados, desorienta.

Más cuando el desorden se instala dentro mismo de un organismo, como ocurre en la AIBA. Ni ellos saben bien lo que quieren, contradiciéndose a cada paso: cabezales sí, cabezales no. Remeras sí, remeras no. ¿Sistema de fallo electrónico, o manual? ¿Criterio amateur o profesional?

La maquinita había reemplazado al tradicional manual por ser éste corruptible, pero ahora se volvió a él, sólo que con 10 por 9 en vez de 20-19, como otrora. La diferencia es que ya no se escribe, sino que se usa una computadora (¿Y?).

Pero hay algo peor: el criterio. Bien o mal, en el profesionalismo está unificado, más allá de la honestidad o sapiencia de cada cual para aplicarlo. Pero se sabe qué es lo que se pondera, al menos en lo macro. Y una caída -por ejemplo- es un 10-8 sin discusión. Se puede aceptar una porción menor en un caso extremo, pero siempre gana el round quien derribó al otro.

En la AIBA tienen un despelote tal, que la caída para unos es 10-8, para otros 10-9 y hay quienes se lo dan ¡al caído! (Se vio en Almaty). ¿Puede una misma acción, tan definida, categórica e indiscutible, generar tres criterios distintos?

Lo opinable debe ser la legitimidad de la acción, no la valoración de la misma una vez legitimada.

A esto se agrega el drama que se avecina. Organismos, promotores, mánagers y TV, están divididos o peleados en el boxeo rentado por intereses creados, lo cual resta. Pero ahora se suma un conflicto con la AIBA: amateurismo vs profesionalismo, y viceversa.

 

Y no solamente porque la AIBA quiera invadirles el terreno, sino porque ésta propone (coerciona) a las Federaciones desvincularse de los organismos mundiales, si quieren mantenerse bajo su égida y participar de los JJOO. Caso contrario, las desafilia.

Y España ya dio el puntapié inicial al desvincularse del CMB y la Unión Europea, lo que provocó la reacción del propio Maravilla Martínez, lamentándose de la situación, al reflexionar que un país que quiere desarrollarse en el boxeo no le puede dar la espalda a una entidad como el CMB. Pero tampoco renunciar los JJOO. ¿Cuál es la salida?

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