LAS SECUELAS DEL AUTOBOICOT DE DIEGO “LA JOYA” CHAVES

junio 28, 2018 5:36 am


LAS SECUELAS DEL AUTOBOICOT DE DIEGO “LA JOYA” CHAVES

Las derrotas antes del límite de Jonathan Barros y Diego “La Joya” Chaves del último finde por sendos títulos mundiales, abre reflexiones obligatorias, especialmente en alguien como La Joya, de lo mejor del país y del que aún se esperaban más logros internacionales. ¿Por qué llegó a este momento tan crítico? 

 Por Gustavo Nigrelli

No fue una sorpresa. Quizás, en algún caso, una decepción. De hecho, en épocas de Mundial de Fútbol, casi ni repercusión hubo, porque tampoco había demasiadas expectativas. Pero en el último finde, tanto el mendocino Jonathan Barros como el bonaerense Diego “La Joya” Chaves, perdieron en sendas chances mundialistas fuera del país, así, como pedía “la gente”.

No fue doloroso, ni cayó como un balde de agua fría en invierno, pero lo triste es chocarse con la realidad y tener que asumirla sin vueltas.

La derrota de Barros –ex campeón mundial pluma AMB– era lógica, porque peleaba por el superpluma CMB en México, contra el local Miguel Berchelt, un sólido monarca de 26 años y 34-1-0, 30 KO.

La de Chaves ya no tanto, porque enfrentaba en Sudáfrica por el IBO welter vacante –título de segundo orden- al también local Thulani Mbenge, que no era un facilongo, pero que tenía apenas 13 peleas -aunque iba invicto, y 10 de ellas habían sido por KO-.

En sí mismas no movieron la aguja, pero lo preocupante es que ambas fueron antes del límite: Barros por KOT 3, con una caída en el 2º y otra en el 3º, tras lo cual le tiraron la toalla, y Chaves por KOT 7, se ignora por cuál de todos los casos -si por herida, o por superioridad física o boxística-.

Lo cierto es que tanto uno como otro, otrora campeones mundiales, sucumbieron catastróficamente ante púgiles que no son de renombre, y en el caso del bonaerense, es su segunda derrota por KO consecutiva en 6 meses.

La pena es que con 32 años, aún había alguna esperanza de que volviera por sus fueros y recuperara su sitial ecuménico. Barros, en cambio, ya tuvo sus revanchas y hasta él mismo sabe que llegó a su techo.

Por eso preocupa Chaves, tal vez -al menos hasta hace un par de peleas-, el mejor welter del país. Y de allí que en él centraremos las reflexiones.

Chaves. El que seguramente podía contra las incipientes figuras en alza como TNT Maidana o Miguel Barrionuevo –la otra Joya-. El que tal vez podía con Lucas Matthysse, o de última era algo que estaba por verse, teniendo en cuenta que para el chubutense también pasaron sus mejores abriles.

Pero esta es la realidad suya hoy, después de su entuerto contractual con Osvaldo Rivero, su ex mánager, quien lo llevó al título mundial welter interino AMB contra un desconocido marroquí como El Massoudi, en la Sociedad Alemana de Villa Ballester y a quien liquidó fácilmente por KO 2.

El que luego lo hizo debutar en el Luna Park en su primera defensa optativa, frente al perdedor panameño José Miranda, a quien también despachó con un lapidario KOT 2, casi sin oposición.

Después, algo pasó.

Pasó que Chaves creyó poder subir la escalera sin pisar los escalones, y quiso no solamente pelear afuera, sino bolsas jugosas -quizás más de lo normal-, de esas que pasado cierto límite son peligrosas, porque vienen con la guadaña incluida. Y la guadaña apunta a la cabeza, y por ende, a la corona. Y sin la corona, lo que viene suele ser una resta, no una suma.

Le habían ofrecido en su momento pelear contra Paul Malignaggi, un veterano baqueteado proveniente de la categoría inferior (superligero), que no era pan comido, pero sí accesible para un púgil en alza como insinuaba ser. Pero ni a él, ni a sus tíos -sus manejadores-, les gustó la bolsa de 200.000 U$ que le ofertaron, y pidió 250 – o algo así, no tiene importancia en este caso el rigor de los números-.

Le propusieron entonces a Keith Thurman por esa plata (250) y lo prefirió. O sea, para él era más importante la plata que el rival, y 50 lucas verdes extras que el título, porque, por edad, proyección, estilo y potencial, para alguien que sabe un poco del tema, era lógico que ante el yanqui corría más riesgo que ante Malignaggi. Allí radicaba la diferencia de bolsa, regla elemental en este negocio, donde a veces menos, es más.

Se sacó las ganas, perdió como la doctrina indicaba –la historia es conocida- y luego se recuperó haciendo una buena pelea contra Brandon Ríos aunque lo descalificaron tontamente, pero destacó por su empate ante Tim Bradley -primera serie yanqui-, tras lo cual volvió a la consideración mundial.

Hasta ahí era un Chaves.

Mas otra vez cuestionó sus bolsas -al menos de la boca para afuera-, que en realidad fueron mayores a las que trascendieron oficialmente.

Al poco tiempo también le pareció escasa una de 250.000 U$ que le acercó Rivero para enfrentar a Miguel Cotto, oferta que se cayó por su indecisión.

Y ya en medio de la desconfianza hacia su mánager, apareció la posibilidad de un choque frente al inglés Kell Brook, directamente por la corona mundial welter FIB -donde marchaba 2º, pero la habían considerado mandatoria-.

Brook se lesionó, pero a su vuelta eligió a otro rival, lo que contribuyó al malestar con Rivero y terminó ocasionando la ruptura entre el Team Chaves y éste, quien no obstante inició una demanda contra Brook y la FIB.

El cortocircuito de Chaves y Rivero tuvo parado al púgil durante más de un año, y al reaparecer lo hizo en peleas locales a 8 o 10 rounds, con bolsas de nivel casero, es decir, en pesos. Y cuando quiso dar el salto internacional, fracasó. Perdió ambas peleas ante desconocidos como Jamal James a fines de 2017, y ahora ante Mbenge, por KO 3 una y por KOT 7.

¿Por cuánto dinero fue a cambiar estas derrotas? ¿Habrá superado alguna los 200.000 de Malignaggi, o los 250 de Cotto que rechazó?

Por mejorar los detalles, u optimizar condiciones etéreas, que a veces caen más del cielo que otra cosa, hoy tiene derrotas antes del límite contra James y contra Mbenge, donde en todo caso debieron figurar las de Cotto y Thurman. Y lo hizo por menos plata, aunque estas últimas dos ofertas hayan sido en comparación “más justas” que las otras.

Eso se llama mirar el árbol en vez del bosque. Eso es tomar malas decisiones, que traen indeseables consecuencias. Es conseguir que el remedio sea peor que la enfermedad, y por ende, la manera más tonta de boicotearse.

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