SALVADOS DEL INCENDIO

mayo 21, 2018 1:10 am


SALVADOS DEL INCENDIO

Gracias a la superioridad de la mexicana Lupe Bautista sobre la chaqueña Andrea “La Cobrita” Sánchez, que la venció por KOT 8 el pasado sábado en Villa Ángela, Chaco, varios se salvaron del papelón al que hubiesen quedado expuestos de no haber sido así, tal como sucedió históricamente en tantos otros vergonzantes fallos localistas del boxeo mundial

Por Gustavo Nigrelli

No se escarmienta. Se había preparado todo. Hasta el gobernador de Chaco, Domingo Peppo, se hizo presente en el estadio del club Unión Progresista de Villa Ángela, para ver la pelea por el título mundial mosca jr FIB vacante (NdeR: equivalente al minimosca de las demás entidades, con tope en 49 kg) entre la hija dilecta del lugar, la bella Andrea “La Cobrita” Sánchez, y la mexicana Guadalupe “La Licenciada” Bautista.

Se sabe lo que pasó, porque esto fue el último sábado: la visitante, con todo en contra, se llevó por delante a la chaqueña en casi todas las vueltas –salvo la 3ª y 5ª- y la venció por KOT 8, luego de que la arrinconara y desatara una tunda que obligó al árbitro Rodolfo Stella a parar la pelea.

Y de paso, a dejar de hostigarla todo el tiempo: que por golpes bajos –que no le supo marcar precisamente desde dónde valían, mal del 99,99 % de los árbitros de acá), que por la cabeza, que por paso atrás, que por “no se agache” –aunque la que la bajaba era la Cobrita-, y así todo el tiempo desde el 1º round, cuando descaradamente no contó como caída un tremendo cross diestro de la azteca que derribó a la argentina sobre el final de la vuelta. ¿Cómo puede no verse esa mano?

Está bien que seguramente habrá habido mucho apoyo y esfuerzo económico de la Gobernación, sea del Chaco o de Villa Ángela, para poder llevar a cabo el combate trayendo a la extranjera acá para tener una campeona más.

Se entiende. Se entiende que se quiera proteger a la boxeadora local de posibles robos afuera, y de todas las cosas malas del boxeo. Pero lo que no se entiende es que para eso se pase de posibles víctimas, a victimarios.

Todavía en el mundo del boxeo, y muy marcadamente en nuestras provincias, urgidas de ídolos locales y nacionales, no se desterró esa práctica vergonzosa e impune de querer comprar las cosas en vez de ganarlas legítimamente. De pretender que porque se es local y se pone la plata, se garantiza el éxito. Jamás se disfrutaría algo así. Grábenselo.

La pelea fue dirigida por árbitro y jueces argentinos, en el patio de la casa de la Cobrita, con el mandamás presente, frente a una rival que marchaba 4ª en la FIB, que tenía record prácticamente negativo (10-10-2, 1 KO hasta entonces, o sea, exenta de pegada), y que en el pesaje oficial, anunciado y jamás rectificado por el anunciador, dio por debajo del límite reglamentario: 47,100 kg, que por arte de magia ahora aparece como 47,700 en la página boxrec.com, referente en la materia.

Sucede que el límite inferior de esa división (mosca jr) es de 47,600. Si Bautista pesó 47,100 peleó como minimosca (NdeR: mínima para el resto de las entidades, incluso en Argentina), lo cual supone una ilegalidad, que en realidad no está explicitada en las reglas FIB, aunque sí en las de la FAB.

Alguien se preguntará qué importancia tiene lo que diga la FAB cuando está en juego un título FIB. Bastante. De hecho, el año pasado la FAB prohibió a Sánchez pelear por esta misma corona por no poseer el mínimo de peleas exigibles a una boxeadora argentina para ir por una faja mundial, que son 10 para las campeonas nacionales y 15 para quienes no poseen título alguno, regla que atentó visiblemente contra el boxeo femenino en nuestro país, que pasó de tener 19 monarcas ecuménicas a apenas 7.

Esto a pesar de que la Cobrita marchaba 1º en el ránking FIB y estaba recontra habilitada por dicho organismo, a punto de quedar acéfalo en esa división.

La Cobrita llegó a las 10 peleas, habiendo perdido la última contra una semifondista, motivo por el cual la FIB debió bajarla, y la FAB también anularla, ya que en su reglamento no se permite ser retadora oficial perdiendo la última pelea.

¿Cómo puede la FAB permitir violar sus reglas a veces sí y a veces no? Si se respeta, que sea todo, no por partes. Y para eso no estaría mal tomar conciencia de sus límites, en vez de ampliarlo hacia lo internacional superponiendo leyes.

No obstante, con el diario del lunes, la FAB tenía razón, y la Cobrita perdió, aunque un resultado deportivo no es de ningún modo juez de nada. El tema es estar habilitado o no para pelear, y hacerlo dignamente como lo hizo ella, que pese a perder efectuó la mejor pelea de su carrera, dando y recibiendo como una boxeadora, que hasta entonces no parecía ser.

El problema nunca fue ella, sino el resto. Lo de abajo. La cocina. El poder y la sartén por el mango, que como en las décadas del ’30 y ’40 pretende imponerse prepotentemente al más noble de los deportes, mandando a dirimir sobre un ring a dos chivos expiatorios lo que quieren orquestar desde afuera.

Porque, pese a que la mexicana pegó más, mejor, fue para adelante, llevó la pelea sorteando trabas arbitrales y coronó su actuación en el 8º, no por un golpe de suerte, sino por decantación natural más superioridad física y boxística –créannos-, dos de estos tres jueces (Rilo, Vainesman y Alasia) tenían arriba a la Cobrita.

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