TRISTEZA EN EL FÚTBOL, ¿ALEGRÍA EN EL BOXEO?

junio 20, 2018 11:52 pm


TRISTEZA EN EL FÚTBOL, ¿ALEGRÍA EN EL BOXEO?

Lucas Matthysse y el boxeo argentino le pueden dar al deporte nacional las alegrías que no le da el fútbol en épocas de Mundial. Pero si se alinean los planetas y Argentina llega a la final, ambos pueden combinarse casi al mismo tiempo para potenciarse y dejar grabada una fecha histórica. 

Por Gustavo Nigrelli

Imaginemos el 15 de julio, día de la final del Mundial. ¿Qué argentino no soñó con que la Selección Argentina sea una de las protagonistas, e incluso salga campeona?

Soñar… Una de las pocas cosas que hasta ahora no cuestan nada.

Pero hay algo más: la noche anterior, el sábado, bien entrada la medianoche, ya por la madrugada del domingo, el chubutense Lucas Matthysse defenderá su corona welter AMB nada menos que ante el filipino Manny Pacquiao, en Malasia, en una de las peleas más rutilantes de la historia del pugilismo nacional, por el nivel y la calidad de ambos.

Y no sólo eso, sino que en paralelo, casi a la misma hora, el jujeño Juan José Velasco tendrá la chance de apoderarse de la corona mundial interina superligero del CMB en Nueva Orleans, cuando enfrente al invicto yanqui Regis Prograis (21-0-0, 18 KO).

De modo tal que existe la posibilidad de que en menos de 12 horas se puedan festejar dos hitos deportivos trascendentales en nuestro país, más una jugosa yapa.

Los boxísticos, con las chances concretas, porque ambas peleas están firmes 100 por 100 -al menos hasta hoy-. Y el futbolístico si es que Argentina llega, pese al mal arranque y las frustraciones que generó el impensado empate ante Islandia.

Los Mundiales suelen postergar todo por un largo mes, incluso el boxeo, que aunque no se detiene, durante el mismo las peleas son menores y en general no se televisan.

De hecho, el próximo sábado -23 del corriente-, habrá dos choques importantes de púgiles argentinos por alguna parte del mundo, y ninguno será televisado: el mendocino Jonathan Barros combatirá por el mundial superpluma CMB frente al pegador mexicano Miguel Bercheit (33-1-0, 29 KO) en Yucatán, México, mientras que el bonaerense Diego “La Joya” Chaves lo hará en Sudáfrica ante el local Thulani Mbenge (13-0-0, 10 KO), por el IBO welter vacante.

Pero Matthysse irá en vivo por Space, y si gana, quizás sea la victoria más resonante de un púgil argentino frente a una figura mundial en lo que el boxeo lleva de vida aquí. (NdeR: Velasco se dará por TyC Sports Play, al menos hasta ahora).

¿Puede ganar Matthysse, neto visitante, con la organización del propio Pac Man y el “aparato” en contra?

Tiene todas las armas. Mayor juventud, mayor envergadura física por ser un superligero natural devenido en welter, por poseer pegada dentro de un buen boxeo, y, por qué no, por las propias contras que arrastra Pacquiao a sus 39 años –NdeR: Matthysse tiene 35-.

El Pac Man, actual Senador de su país, además de su nueva ocupación que de por sí lo distrae del deporte, es actor y cantante, oficios incompatibles con la práctica del boxeo, algo que ya experimentó el más emblemático de los púgiles faranduleros, Oscar de la Hoya, y el mismo filipino se benefició de ello cuando lo venció sin atenuantes por KOT 8.

Pero más allá de provenir de los pesos chicos (mosca en sus inicios), posee sobre su cuerpo guerras escalofriantes. Sufrió un nocaut fulmíneo frente a Juanma Márquez del que es imposible que no hayan quedado secuelas –hasta se habló de un incipiente Parkinson luego desmentido e incomprobado- y un aburguesamiento natural que es el principal enemigo de todo atleta de alto rendimiento. De hecho, viene de una derrota por puntos ante Jeff Horn –que para muchos fue injusta- y de casi un año y medio de inactividad.

Sin embargo, Pacquiao sigue pegando. Tal vez no como antes, pero conserva su velocidad y precisión casi intacta, y aunque así no fuera, lo que tenga alcanzaría para acabar con Matthysse si lo emboca, máxime teniendo en cuenta las últimas performances de Lucas, que amén de incluir una derrota alarmante por KO ante Postol, no fueron alentadoras pese a ser victorias. Especialmente la última ante Tewa Kiram, donde conquistó el cetro que expondrá ahora.

Ambos tienen armas para noquearse mutuamente, y ambos a la vez no se muestran confiables a la hora de recibir, por lo cual, ganará el que primero pegue, o en su defecto el que más aguante, según las circunstancias. Y ésa es la atractiva lógica de este match.

Lo rescatable es que al chubutense le llega esta pelea en el momento justo, porque si su resistencia se ha resquebrajado, puede perder contra cualquiera. Y en tren de perder, qué mejor que hacerlo ante el Pac Man por una millonada de dólares. De lo contrario, un triunfo ante él lo catapultaría a lo máximo.

Y algo más: se sacó de encima la presión que sobre sí recaía de tener que ser campeón mundial, algo que lo acosaba a cada chance que tenía.

Hoy, con el título en la cabeza, y yendo de punto –como a él le gusta- quizás eso ya no sea un problema y los fantasmas hayan desaparecido. ¿Pero cómo saberlo hasta que no se concrete el combate?

Habrá que esperar. Y de darse todo como en los sueños, el champán puede guardarse en la heladera hasta el mediodía, si es que a la Selección le toca definir la Copa.

Y si no, si desde ningún lado hay razones para el festejo, al menos las habrá para acariciar la mente por un instante, en días donde la buena fiebre, la algarabía, los ideales y las buenas noticias se evaporan al viento, y las gestas patrióticas permanecen en el recuerdo, conservadas en impenetrables arcones, más difíciles de expugnar que la defensa islandesa.

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