UNA HISTORIA DE VIDA, SE PUEDE CUANDO UNO QUIERE

enero 8, 2018 12:44 am


UNA HISTORIA DE VIDA, SE PUEDE CUANDO UNO QUIERE

Argentina Mendoza: A los 59 años y después de superar una fuerte adicción, el ex boxeador trabaja como psicoterapeuta y acaba de terminar la secundaria.

Gustavo Ballas se formó en el Mocoroa Boxing Club al lado del gran Paco Bermúdez y fue uno de los hijos dilectos de esa escuela.

Por: Omar Quiroga

Su técnica depurada hizo que rápidamente los mendocinos lo adoptáramos como nuestro ídolo. Ese gran boxeador que pasó de ser campeón del mundo a pelearle a la adicción a las drogas y el alcohol, acaba de terminar la escuela primaria a los 59 años.

“Yo lo quería conocer a Locche   y cuando me dijeron que estaba en Mendoza, me fui para allá con mi bolsito. Después de conocerlo dije: “quiero ser como Nicolino”. Fue uno de los pocos boxeadores que no escondía nada. Te enseñaba todo y no paraba de explicarte las cosa hasta que las aprendías. Fue amigo, confidente, maestro, una mezcla de todo.

Yo conocí una faceta que él no mostraba mucho porque, por ejemplo, con el periodismo era muy parco. Se rajaba cuando veía que venían a hacerle notas”, recuerda con emoción. “Te voy a contar algo muy fuerte que me pasó con él”, adelanta.  Cuando se murió el  papá de Ballas, hombre que crió solo a cuatro hijos, “nadie me quería dar la noticia.

Bermúdez habló con Nicolino para que fuera él quien me diera la nocticia. Ese día me llamó la atención que terminó de entrenarse y se quedó en el gimnasio. Eso no era común, porque él se bañaba, agarraba el Torino y partía. Yo terminé de entrenar y cuando iba saliendo siento que me dice: ‘Córdoba’ (así me llamaba), ¿vas para la pensión? Te llevo…’. Sabés lo que era llegar a la pensión con Nicolino. Hicimos tres cuadras y me dijo ‘Mirá, te tengo que decir algo, pero no voy a andar con vueltas: murió tu papá y tenés que viajar’.

Yo no tenía un peso, pero ahí mismo me dijo que él me iba a ayudar. Cuando llegamos a la pensión me dijo: ‘yo bajo con vos, porque vos vas a agarra la ropa y no volvéis más de campeón del mundo’. Yo tenía 16 años y que él me dijera eso era el sueño del pibe”, rememora.”Lo sabía todo -continúa-. Me dijo que a mi papá lo velaban a tal hora y que me tenía que tomar el micro de vuelta a la noche.

‘Vas a llegar a las 7 de la mañana y yo voy a estar en la Terminal esperándote’ me dijo. Yo hice todo como me había dicho y cuando llegué a Mendoza estaba en la Terminal esperándome como había prometido. Me llevaba a una casa espectacular que tenía en Chacras de Coria. Me acuerdo que no podían sacarme de la pileta”, agrega.—

Ballas vivió en Mendoza más de diez años y eso hizo que mucha gente lo creyera como oriundo de nuestra tierra. Incluso cuenta que todavía hoy le preguntan en Villa María, su pueblo originario, de dónde es. Y entonces recuerda una anécdota de su primera pelea en el Luna Park. “Había más villamarienses que porteños esa noche. Y resulta que cuando me anuncian, dicen ‘en este rincón, Gustavo Ballas, de Mendoza’, no sabés la silbatina que se escuchó. Yo pensé que eran los porteños, pero en realidad eran los cordobeses que se habían enojado por la presentación”.

A la hora de hablar de cómo se decidió por reiniciar los estudios dice que “es algo que venía pensando desde hace mucho tiempo. Yo estudié hasta quinto grado y después tuve que salir a trabajar. Fui vendedor ambulante y lavacopas. Justamente en Mendoza, el primer trabajo que tuve fue de lavacopas en “De un Rincón de la Boca, me acuerdo que al dueño le gustaba mucho el boxeo”.

Ya metiéndonos de lleno en su nuevo logro dice que “en realidad estoy apoyando los pies sobre la tierra por lo que había generado. ‘Tanto lío por esto, cómo es’, preguntaba. Me llovieron llamados telefónicos de felicitaciones y hoy me doy cuenta de que es un gran logro por todo lo que pasé en mi vida. Trasladándolo al boxeo, yo acabó de ganar el título argentino, después voy por el título sudamericano que es la secundaria y finalmente por el título mundial que es psicología en la Universidad”.

Fue campeón provincial, dos veces campeón argentino, campeón sudamericano, latinoamericano y fue el primero que consiguió el título del mundo invicto con 56 peleas. Conoció la gloria y el éxito a los 23, cuando conquistó el título del mundo. “Llegué a ser la figurita del momento, a los 19 llenaba el Luna Park, y eso fue malísimo. No estaba preparado. Yo veía a mis referentes pelear ahí y de pronto el Luna Park fue mucho para un pibe que no tenía los pies en la tierra”, afirmó convencido.

Para entender como nació todo habría que remitirse al pasado, cuando una pasada por la cárcel de Devoto le abrió los ojos. “Me di cuenta que había tocado fondo”, dice y cuenta que el único que lo visitaba era el taxista al que le había robado con un arma de juguete.

La gente Villa María, el pueblo que lo vio nacer, pagó su fianza y a su regreso hizo un homenaje “Yo no sabía, pero toda la recaudación era para mí. El estadio estaba repleto y cuando me nombraron no quería salir. Tenía vergüenza, impotencia. Yo era un drogadicto, un alcohólico, no era más campeón. Pero me llevé la sorpresa más agradable de mi vida. Todos de pie gritando dale campeón… Ahí me juré ser otra persona y no defraudar a mi gente. Y aquí estoy”.

“Tengo 60 años, pero las mismas ganas que cuando tenía 23 y fui campeón del mundo. Sigo teniendo ganas de hacer cosas, por eso me río cuando escucho a alguien que dice que está grande para hacer ciertas cosas. Nunca se está grande. Fue por eso que me capacité como sicoterapeuta en la Universidad y después realicé una capacitación en adicción con orientación. Con eso, la Organización Mundial de la Salud me habilita para trabajar.

Fue ahí que me llamaron desde la obra social Altira (Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera) para trabajar haciendo terapia ambulatoria con un grupo de médicos. La verdad que en una reunión con ellos, me sentí muy chiquito al lado de ellos, campeón”, cuenta abriendo sus sentimientos y hasta se siente que por momentos se quiebra su voz.“En ese momento -continúa- me decidí a capacitarme. Tuve la suerte que integré un grupo increíble en la escuela.

Yo soy el primero que termina, aunque es verdad que los compañeros tenían una capacitación inferior a la mía. Muchos sólo habían hecho primer grado. Tenía de compañeros a dos chicos santiagueños que no sabían ni las letras. Fue muy fuerte ver cómo le ponían fuerzas para estudiar”.

Nos cuenta que fueron dos años de asistir tres veces por semana a la escuela en horario nocturno y que se emocionó cuando sus compañeros organizaron una cena la noche previa a su última materia para apoyarlo. “Fue en la Costanera y éramos un montón. Gracias a Dios rendí con 8,50. El día que me dieron el diploma se me cayó una lágrima cuando escuché el himno, me hizo acordar a cuando gané el título del mundo”.

Contó que gracias al apoyo de su esposa no hubiera sido posible nada de lo que logró en su vida. “Siempre dije que la ‘Tana’ hizo una vida de primera en hoteles y restaurantes de lujos, pero cuando estuve mal fue a limpiar casas ajenas para llevar un plato de comida a la casa”, resaltó.

Ficha personal

Gustavo Ballas

Nacimiento: 10 de febrero de 1958 (59 años) en Villa María, Córdoba.

Apodo: Mandrake

Peso: mosca y supermosca.  Peleas: 120, 105 victorias, 31 por nocaut, 9
derrotas y 6 empates. Inicia su etapa amateur en marzo de 1975 bajo la dirección técnica de Alcides Rivera (Villa María), donde realizó 27 combates, de los cuales consigue 23 victorias, 3 empates y 1 derrota.

Títulos: Campeón Mendocino (Mosca), el 15 de mayo de 1978,
Campeón Mundial AMB (Supermosca), vence a Suk Chul Bae (Corea) el 12 de setiembre de 1981. Campeón Argentino (Supermosca) vence a Luis Ocampo el 13 de noviembre de 1983. Campeón Sudamericano (Supermosca) el 14 de noviembre de 1986. Campeón Latinoamericano (Supermosca) el 15 de mayo de 1987.

Peleas: 120, 105 victorias, 31 por nocaut, 9
derrotas y 6 empates.

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